miércoles, 27 de noviembre de 2013

Fracturas por estrés en el Deporte

¡Sospéchalo a tiempo y sigue con el deporte! 

Una de las lesiones más comunes en deporte es la fractura por estrés.

El hueso se está constantemente remodelando  a sí mismo y reparando, especialmente cuando es sometido a un estrés.

Con cada milla que recorre un corredor, más de 110 toneladas de fuerza deben soportar las piernas; y los huesos no están hechos para sobrellevar esto solos, por lo que los músculos son los primeros que absorben dicha fuerza. Una vez que se agotan estos últimos, entonces le corresponde a los huesos continuar con el trabajo. Estudios histológicos han demostrado que un estrés repetido sobre el hueso incrementa la actividad osteoclástica (destructora de hueso) sobre la osteoblástica (formadora de hueso) debilitando el mismo y generando fracturas por estrés.




La fractura por estrés ocurre cuando ha habido un cambio reciente  en la forma de entrenar. Especialmente los atletas profesionales, los aficionados  y los reclutas militares están sometidos a estos posibles cambios en el régimen de entrenamiento (zapatos nuevos, superficie de entrenamiento). Las personas sedentarias que recientemente se incorporan a un estilo de vida activo también lo pueden sufrir.

Se caracteriza por dolor insidioso (de aparición progresiva) con o sin inflamación sobre la zona afectada, especialmente cuando realizan la actividad física, que puede ceder con el cese de la misma y posteriormente aparecer inclusive en reposo. 

Los sitios más comunes de lesión son las extremidades inferiores, que son las que más se someten a sobrecarga.

La radiografía convencional es inicialmente un estudio importante ya que la clínica de dolor profundo e inespecífico hace imprescindible el descarte de otras  patologías, especialmente tumorales,  al descartarse  se confirma  así la fractura por estrés; corroborándose un mes después con otra radiografía el callo óseo formado (hueso cicatrizado).
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Sin embargo, si la sospecha se tiene desde una primera instancia, luego de haber hecho una adecuada historia clínica, un estudio de imagen con resonancia magnética evidenciaría la lesión donde en la radiografía no se veía. De esta manera se puede indicar tratamiento adecuado y a tiempo para evitar sufrimientos por dolor, complicaciones y por tanto cese perenne de la actividad física debido a ello. 
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Haciendo mucha actividad física muy pronto, con poco entrenamiento puede generar dolores localizados y profundos que luego conlleven a un cese en dicha actividad. Se habría originado una fractura por estrés, no diagnosticada y no tratada y como consecuencia un miedo a realizar deportes.

Si se sospecha, se estudia con imágenes adecuadas (Resonancia magnética por ejemplo), tecnología de la que hoy en día se hace uso para ver más allá del examen físico médico. Se descartan patologías malignas, se confirma el diagnóstico, se trata de forma adecuada (reposo y antiinflamatorios) a tiempo y se puede continuar con una vida normal, con deporte bien realizado, de intensidad progresiva y así con salud física y mental. 

Bibliografía: 
1) The British Journal of Radiology, 85 (2012), 1148–1156. Lower extremity and pelvic stress fractures in athletes. S Y LIONG, MRCS, FRCR and R W WHITEHOUSE, MD, FRCR. Department of Clinical Radiology, Manchester Royal Infirmary, Manchester, UK.

2) The Radiology Assistant. Stress fractures by Ferco Berger, Milko de Jonge, Robin Smithuis and Mario Maas
From the Radiology Department of the Academical Medical Centre, Amsterdam and the Rijnland Hospital, Leiderdorp, the Netherlands



Dra. Daniella Gomez Campos
Residente de radiodiagnóstico. 
Hospital Fundación Jiménez Días.
Madrid. España.
26/11/2013

lunes, 25 de noviembre de 2013

El Swing potente, sin esfuerzo a la vista y magnífico es directamente proporcional a tu condición física.

El Swing potente, sin esfuerzo a la vista y magnífico  es directamente proporcional a tu condición física.
Quisiera comenzar este artículo nombrando que vengo de una familia totalmente adictiva al golf (como suele suceder con este bello deporte), y que juego desde que tengo 7 años.
El golf es un deporte de repetición lo que hace que nuestras articulaciones, ligamentos y músculos estén sometidos a un desgaste si no se cuidan de forma adecuada.
Resulta curioso que a pesar de la tecnología, las mejoras en los equipos de golf y las bolas no ha cambiado mucho la media del hándicap de los jugadores de golf. 
Siempre está el jugador que cambia de maleta cada dos años y se mete en cuanta clase existe y  sigue con el mismo score a pesar del super equipo.
Querido golfista invierte en tu condición física, cuando mejores en ese punto los palos y la alta tecnología solo serán de gran ayuda.
Lo más importante de todo es que desarrolles al máximo la capacidad que tenga TU CUERPO para poder hacer un Swing eficiente, sin olvidar que nuestras articulaciones  tienen una amplitud articular que es distinta en cada persona.  No obligues a un señor de 70 años a tener la misma amplitud (giro) que un chico de 16 pero cuidadito, de pronto te sorprendes que a pesar del descuadrado Swing del Señor, su juego es más derecho, más efectivo y lo disfruta al máximo.

Para poder lograr una puesta en forma es importante la movilidad, la estabilidad, el equilibrio, la consciencia corporal (propiocepción), la fuerza y la potencia.
Potencia: para generarla tenemos que sentir nuestros pies bien conectados al suelo (propiocepción) de allí podremos utilizar las piernas para aumentar la potencia del swing con un mínimo esfuerzo. Nuestro cuerpo se mueve a través de cadenas cinéticas que relacionan a músculos y articulaciones y van trasmitiendo la fuerza hasta su destino final, en este caso el swing.  Si alguna parte de esta cadena no está bien (lesión, debilidad, agotamiento) el organismo va a protegerlo y le daremos mucho más trabajo a otras partes del cuerpo para compensar esta pérdida de energía. (Lumbalgias de repetición, en muchos golfistas por falta de rotación en las caderas y sobrecargan la columna).
Estabilidad: Cuando estemos en nuestro Stand tenemos que sentirnos cómodos, estables para poder realizar los movimientos de forma más libres y que la fuerza pueda fluir sin obstáculos por todas las cadenas musculares.
Movilidad: para tener  mayor amplitud articular es muy importante el estiramiento antes y después de salir al campo.  Si nuestras articulaciones están libres y con el rango de movilidad optimo no tendremos ninguna resistencia para un Swing fluido y más natural.
Fuerza: Tenemos que analizar el Swing para saber que parte de nuestro cuerpo tiene problema, hoy en día médicos y fisioterapeutas especializados en golf pueden ayudarnos a encontrar nuestras debilidades, éstos profesionales darán las pautas correctas para que tu Swing que es único e individual sea el más óptimo y así puedas mejorar cada día tu hándicap.
En próximos artículos iré publicando ejercicios para cada fase del Swing, y como poder lograr la mejor condición física.

Ft. Vanesa Tejero León
Fisioterapeuta
Osteópata
Golfista

Bibliografía:
1.     CRAIG DAVIES; VINCE DISAIA. Anatomía del Golfista. Editorial Tutor.
2.     STEVE NEWELL, Remedios y  ajustes para el swing de golf. Editorial Tutor.




miércoles, 20 de noviembre de 2013

Contribución para el criterio diagnóstico de la Dismorfia Muscular (Vigorexia)


La Dismorfia Muscular o Vigorexia, es un trastorno mental cuyo foco de preocupación es la subestimación del tamaño y forma muscular, como consecuencia de la distorsión en la imagen corporal que padecen las personas afectadas. Estas personas realizan compulsivamente ejercicios de musculación  con el objetivo de aumentar su tamaño muscular, creándose en muchos casos una dependencia al fisioculturismo, entrenando incluso cuando se encuentran lesionados. La adicción al entrenamiento de musculación genera en el individuo querer constatar continuamente su hipertrofia y definición muscular, manifestándose mediante conductas de verificación, ya sea frente a un espejo, con preguntas a familiares y compañeros de gimnasio, y/o subiéndose continuamente a la báscula.
 Se trata de un trastorno novedoso y, por lo tanto, no se encuentra clasificado en los manuales de desórdenes y trastornos mentales existentes. Mientras unos autores proponen su clasificación bajo un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA), otros defienden que se trata de un Trastorno Dismórfico Corporal (TDC), o incluso se ha llegado a justificar su posible clasificación como Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC). Ante la disparidad de criterio, los autores realizan un estudio con la intención de contribuir en la clasificación de la Dismorfia Muscular, como desorden mental, mediante la técnica de clasificación “árbol de decisión”. Esta técnica se basa en un clasificador que a través de una serie de atributos, en este caso las variables relacionadas con la Dismorfia Muscular, permite determinar a qué clase pertenece el atributo objeto de estudio. Los elementos que cobran mayor relevancia dentro de este método clasificatorio son aquellos relacionados con el tamaño y forma corporal que los participantes tienen, se perciben y desean. Los resultados hallados con este método de clasificación (árbol de decisión) informan sobre el predominio de las variables  relacionadas con un TDC, por lo tanto, a  la luz de estos resultados los autores contribuyen a clasificar la Dismorfia Muscular bajo el prisma de un Trastorno Dismórfico Corporal (TDC).

Reseña realizada por:
Lic. Elena Sánchez Sánchez.
Psicóloga Sanitaria.
Máster en Psicología Clínica y de la Salud.
Bibliografía:

1.     Contreras OR, Fernández JG, González-Martí I. Contribución para el criterio diagnóstico de la Dismorfia Muscular (Vigorexia).  Ps. Del Deporte 2012; 21: 351-358.


lunes, 18 de noviembre de 2013

Descubren nuevo ligamento en la rodilla. El ligamento Anterolateral (LAL o ALL)


En 1879 el Dr. Paul Segond, cirujano francés, describió una fractura en la cara externa de la rodilla o cóndilo lateral de la tibia asociada a la lesión del ligamento cruzado anterior y/o menisco, era debida a un arrancamiento óseo o avulsión en la zona de inserción de un ligamento que describió como “una banda fibrosa de aspecto nacarado”, esta estructura anatómica, que hasta la fecha se le había llamado de diferentes formas, Ligamento Capsular Lateral, Ligamento del tendón del músculo tensor de la fascia lata, entre otros,  y su función no estaba clara hasta la fecha. 


El enigma está roto, cirujanos Ortopédicos y Traumatologos del Hospital Universitario de Leuven, Bélgica demostraron que este ligamento estaba presente en casi todos los cadáveres estudiados, separado de la banda isquiotibial, y claramente distinguible del la cápsula articular anterolateral, describen su origen en el fémur, en la prominencia del epicóndilo femoral lateral, ligeramente anterior al origen del ligamento colateral lateral (LCL), no observaron fibras de conexión entre estas estructuras. demostraron un curso oblicuo en su trayecto hacia la cara anterolateral de la tibia próximal y su inserción  anterolateralmente entre el tubérculo de Gerdy (GT), fijado al menisco lateral y la cabeza del peroné. El LAL se identificó en las Resonancias Magnéticas en mas de 95% en sus pacientes con lesiones del ligamento cruzado anterior y estaba lesionado en casi un 80%. En conclusión, conecta el fémur con la tibia anterolateralmente, y según sus hipótesis  es un importante estabilizador de la rotación interna de la rodilla, sobre todo en los ángulos de flexión entre 30 ° y 60 ° aunque se necesitan mas estudios para su función biomecánica. Definieron la fractura de Segond  como una avulsión ósea de la LAL.

Reseña realizada por:
Dr. Miguel Herrera Pacheco
Residente de Medicina Física y del Deporte UC, Madrid.


Bibliografía:
1.-Claes S, Vereecke E, Maes M, Victor J, Verdonk P, Bellemans J. Anatomy of the anterolateral ligament of the knee. J Anat. 2013 Oct, 223 (4):321-8



jueves, 14 de noviembre de 2013

Daño músculo esquelético en el deporte.

Daño músculo esquelético en el deporte.

Para tocar este tema amplio y que sea más fácil la comprensión es necesario dedicarle especial atención a explicar unas series de eventos fisiopatológicos que ocurren tras la agresión de un tejido, en nuestro casó, el daño músculo esquelético en el deporte.
Cuando ocurre un daño en un tejido, nuestro cuerpo empieza a programar una series de eventos o procesos continuos para llevan a la curación de dicha zona, se conoce como proceso de curación. Los programas de rehabilitación deben estar basados en la estructura del proceso de curación, el conocimiento de sus fases, el reconocimiento de síntomas y signos, lapsos temporales de las diversas fases de la curación.

Se pueden describir tres fases: de respuesta inflamatoria, de reparación fibroblástica y la fase de maduración-remodelación.

Fase de respuesta inflamatoria: empieza de inmediato, dura entre 2-4 días, se debe a una lesión directa de las células del tejidos blandos, donde a través de alteración del metabolismo local y liberación de sustancias se inicia la respuesta inflamatoria, clínicamente se caracteriza por dolor, inflamación o hinchazón, enrojecimiento y aumento de la temperatura. Esta fase por regla general es protectora, tiende a localizar y a eliminar las consecuencias de las lesiones por medio de la fagocitosis preparando el restablecimiento del tejido. inicialmente hay efectos vasculares locales, alteración del intercambio de líquido y migración de células inflamatorias (particularmente monocitos, y leucocitos polimorfonucleares, incluyendo neutrofilos que secretan citoquinas proinflamatorias y fagocitos) de la sangre a los tejidos tras la agresión, se produce una vasoconstricción o espasmo de las paredes vasculares que dura entre 5-10 minutos, comprimiendo el revestimiento endoteliales opuestos  generando anemia local, que rápidamente es reemplazada por hiperemia del área debido a la dilatación. Este aumento del flujo sanguínea es transitorio y da paso a su reelentización en los vasos dilatados progresando a su estancamiento y estasis. La efusión de sangre y plasma dura 24-36 horas. 

Los mediadores químicos limitan la cantidad de exudado y, por tanto, el grado de inflamación o hinchazón causando vasodilatación y aumento de la permeabilidad gracias a la histamina, y hacen que los leucocitos migren y se agrupen linealmente a lo largo de las paredes vasculares por medio de leucotaxina, afectando de este modo el paso de líquido y leucocitos a través de las paredes de los vasos para formar exudado, por tanto, la vaso dilatación y la hiperemia activa son importante en la formación de exudado (plasma) y el suministro de leucocitos al área afectada y la gravedad de la inflamación o hinchazón esta en relación de la lesión de los vasos (1).

En la lesión y reparación de tejido músculo esquelético los monocitos-macrofagos juegan un rol importante, estas células extravasan la sangre e infiltran las áreas afectadas fagocitando las miofibrillas, la liberación de mediadores tienen un profundo impacto en la activación de las células satélite durante el proceso de reparación (2). En general el daño muscular no se relaciona con los cambios en las células satélite tras el entrenamiento (3), sin embargo, durante los eventos de la recuperación de la capacidad de generar fuerza después de un daño muscular moderado o severo inducido por el ejercicio, ocurren  cambios en la estructura miofibrilar, junto a la respuesta inflamatoria, la diferencia entre moderado y severo se vuelve más importante a medida que progresan el daño muscular inducido por el ejercicio intenso. Los leucocitos infiltran inmediatamente el tejido muscular, son detectados  en el espacio extracelular 24-48 horas después del ejercicio e infiltranel espacio intracelular a los 4-7 días después, algunas miofribrillas llegan a la necrosis (4)

En el vaso lesionado hay exposición de fibras colágeno, las plaquetas se adhieren y crean una matriz pegajosa en la pared vascular, a la que se adhieren plaquetas y leucocitos para formar un tapón que obstruye localmente el drenaje de líquido linfático limitando la respuesta de la lesión; para la formación del coágulo es necesaria la conversión de fibrinógeno en fibrina, esta transformación inicia con la liberación de “tromboplastina” de la célula lesionada, esta hace que la protrombina se convierta en trombina produciendo la conversión de fibrinógeno en un coágulo de fibrina muy pegajoso que cierra el suministro de sangre al área lesionada. La formación delcoágulo empieza unas 12 horas después de la lesión y acaba en torno a 48 horas. Los leucocitos fagocitan la mayor parte de los desechos extraños hacia el final de la fase de       inflamación, preparando el terreno para la fase fibroblástica.

Cuando la respuesta inflamatoria no elimina el agente causante de la lesión y no se devuelve el tejido a su estado fisiológico tiene lugar la inflamación crónica, se distingue porque se reemplaza los leucocitos por macrófagos, linfocitos y células plasmáticas. Estas células se acumulan en una matriz de tejido conectivo flotante altamente vascularizado e inervado en el área de la lesión, suelen estar asociado con situaciones que implican un uso excesivo o una sobrecarga de microtramatismos acumulativos en una estructura en particular, no hay un marco temporal específico en el que la clasificación de inflamación aguda pase a crónica.

Fase de reparación fibroblástica: durante esta fase, la actividad de proliferación y regeneración que conduce a la cicatrización y a la reparación del tejido lesionado sigue al fenómeno vascular y exudativo de la inflamación. El periodo de cicatrización denominado fibroplástia comienza pocas horas después de la lesión y puede durar 4-6 semanas. Los síntomas y signos clínicos de la fase anterior suelen disminuir, por lo que hay cierta sensibilidad al tacto o dolores a con movimientos concretos que fuerzan la estructura lesionada, al avanzar la cicatrización desaparecen gradualmente. En esta fase la carencia de oxigeno estimula el crecimiento de los capilares endoteliales hacia la herida, después la herida es capaz de sanar aeróbicamente aumentando el suministro de oxigeno que también produce aumento del flujo sanguíneo aportando nutrientes esenciales para la reparación del tejido lesionado. El tejido de granulación que es un tejido conectivo delicado se produce con la rotura del coágulo de fibrina, está compuesto por fibroblastos, colágeno y capilares, característicamente es una capa o masa granular y rojiza de tejido conectivo que cubre las fisuras durante el proceso de recuperación. A medida que los capilares proliferan, los fibroblástos se acumulan en el lugar de la lesión y se disponen paralelamente a ellos, comienzan a sintetizar una matriz extracelular que contienen fibras proteicas de colágeno, elastina, una sustancia base que está formada por proteínas no fibrosas llamadas proteoglicanos y glucosaminas. En el sexto y séptimo día, los fibroblastos también producen fibras colágenos que son depositadas al azar por toda la cicatriz. Mientras el colágeno sigue proliferando, la fuerza de tensión de la herida empieza a aumentar rápidamente en proporción al ritmo de síntesis del colágeno, a medida que aumenta la fuerza de tensión, el número de fibroblastos disminuye para indicar el comienzo de la fase de maduración. Cuando persiste la respuesta de inflamación y la liberación de sus mediadores puede provocar una fibroplastia extensa y una fibrogénesis excesiva capaz de causar una lesión irreversible del tejido, la fibrosis puede ocurre en estructuras sinoviales, como en la capsulitis adhesiva en el hombro, en tejidos extraarticulares como tendones y ligamentos, bolsas o en músculos.

Fase de maduración-remodelación: es un proceso a largo plazo, generalmente en 3 semana se habrá formado una cicatriz firme, resistente, contraída y no vascular. Ocurre una reorganización o remodelación de las fibras de colágeno que constituyen el tejido de cicatrización. La continua rotura y síntesis de colágeno tiene lugar con un aumento regular de la fuerza de tensión de la matriz de cicatrización, reorganizandose en una posición de máxima eficiencia en paralelo a las líneas de tensión. El tejido asume de forma gradual una apariencia y un funcionamiento normales, aunque la cicatriz rara vez es tan fuerte como el tejido lesionado normal; la fase de maduración puede durar varios años en llegar a su fin. 
La ley de Wolff expone que el hueso y el tejido blando responden a las necesidades físicas que se le asignen, a través de la remodelación o reorganización en base a las lineas de fuerza de tensión. Por lo tanto, es crucial que las estructuras lesionadas estén expuestas a cargas progresivas, en particular en esta fase. La movilización controlada es superior a la inmovilización debida a la formación de la cicatriz, la revascularización, la regeneración muscular y la reordenación de las fibras musculares y las propiedades de tensión en los modelos animales. Los síntomas y signos por regla general desaparecen al final de esta fase. Cuando empieza la fase de remodelación, hay que incorporar ejercicios activos y agresivos de amplitud de movimiento y aumento de fuerza para facilitar la remodelación y reorganización del tejido, el dolor dictará el ritmo de progresión, que va desapareciendo a medida que avanza la fase de curación. El dolor, la inflamación o hinchazón u otro síntoma exacerbado durante o después del ejercicio o actividad particular indica que la carga es demasiado grande para el nivel de reparación o reorganización del tejido (1)

Dr. Miguel Herrera Pacheco
MIR Medicina Física y del Deporte
Universidad Complutense, Madrid.

Bibliografia:
1.- Prentice WE. Técnica de rehabilitación en la medicina deportiva. Proceso de curación y fisiopatología de las lesiones musculoesqueléticas. Barcelona. Editorial Paidotribo; 200; 17-20
2.- Grau AG; Guerra B; López JA. Papel de las células satélites en la hipertrofia y regeneración muscular en respuesta al ejercicio: Archivos de Medicina del Deporte. 2007; 119: 187-196
3.- Kharraz Y; Guerra J; Mann CJ; Serrano AL; Muñoz P. Macrophage Plasticity and the role of inflammation in skeletal muscle repair: Mediators of inflammation. 2013; 9

4.- Paulsen G; Mikkelsen UR; Raastad T; Peake JM. Leucocytes, cytokines and satellite cells: what role do they play in muscle damage and regeneration following eccentric exercise?: Norwegian School of Sport Sciences. 2012; 46-46